Conejito blanco

conejo2 Su seno izquierdo era un conejito blanco asándose a fuego lento. Saltaba queriéndose salvar de inexplicables llamas, chillaba de un ardor desconocido.

Lo veía tan tierno, débil, herido. Le decía cosas lindas, suavecito, sin saber cómo sanarlo, ayudarlo, comprenderlo, apaciguarlo.   Lo sostuvo por la parte de abajo, pero arriba, a la altura del corazón, era imposible, su conejito estaba tan sensitivo que no lograba ni rozarlo con un dedo.

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