La mamá de mi hija

dosmujeresDe las historias que voy conociendo hay una reciente que me llenó de energía. Involucra a tres mujeres.

Ese día, ahí estaba Diana con amplia sonrisa de propietaria del Restorán El Rincón en el segundo piso de un Centro Comercial al este de San José, donde llegué con mi amiga Eugenia.   Joven y hermosa nos atendía con picardía y generosidad.    Fue una tarde sabrosa del mes de abril. La brisa quiso limar asperezas haciéndose una seda que se deslizaba sobre mi piel, como anticipando la bella historia de amor que conocería luego.  La sierra de El Cangrejo  y el celaje convocaban mi mirada de vez en cuando, aunque a veces ésta saltaba hacia abajo para ver el movimiento de hombres, mujeres y vehículos.   Me sentía de fiesta.  Todo estaba, por  ese instante urbano, en el lugar debido.  Sobre todo yo, que casi nunca lo estoy, era de pronto parte intrínseca de aquello, es decir de la tarde con su brisa, del cielo con su celaje y de ese trozo de vida compartida con mi amiga.


Y por supuesto que hubo una pregunta, la mía; y una historia, la de ella.  ¿Con quién vivís?Vivo con la mamá de mi hija.

Fue hace 9 años que Diana y su pareja, Azucena, decidieron adoptar una niña.

En el Paraíso la vida grita que no vale la pena ser vivida.   Es una comarca de Villanueva, municipio de Chinandega, en Nicaragua.  Caliente, pobre y sucia.   Ahí es mejor no husmear en la vida de las gentes porque suele pasar que topamos con lo sórdido de la pobreza humana que, por no tener muros de contención, se queda en el fango de la cultura consumista, machista y violenta del afamado mundo occidental.   Pero hay niveles y matices, por supuesto,  y ahí es lo peor de lo peor,  el infierno, uno de tantos basureros humanos del sistema.

niñapobreMayra nació en El Paraíso, hija de un jornalero agrícola y su mujer.  Negrita, bizca, con atrofia en una de sus extremidades, dificultades para hablar, epiléptica, desnutrición en grado severo y violada varias veces por el padre, no sé cómo esta pareja de lesbianas llegan a conocerla  a sus 5 añitos y menos sé cómo es que deciden adoptarla y traerla a Costa Rica.

¿Desde qué lugar, si no es el de la solidaridad y la esperanza, se puede adoptar a una niñita así?  ¿Qué apuesta que no sea la del amor puede explicar esta historia?   Pagan una suma de dinero a los padres biológicos y hacen todo el proceso legal de adopción en Nicaragua y Costa Rica.  Azucena se convierte en la mamá legal de Mayra que inicia su vida en San José con  mamá y mami.  Y un caudal de amor y compromiso, inimaginable desde su historia de origen, que se expresa en una batería de atención médica y psicológica que mantienen hasta el día de hoy.   Terapias de lenguaje, fisioterapias para sus piernitas, escuela especial, clases de música, amor, amor, amor.

A Diana le costó querer a Mayra.   En ella  primero fue el compromiso con la realidad de la niña que el amor.   En cambio Azucena se desbordó desde el primer día, te amo mucho le decía con besos,  aún cuando la niñita no orientaba  su mirada hacia ella desde sus ojitos perdidos.    Era muy llorona los primeros años en San José, no lograban consolarla con nada;  tampoco podían presumir de su niñita adoptada  porque era fea y huraña.

Un día Diana recibió una llamada de emergencia, a su trabajo, el restorán donde estábamos.  Era Azucena diciéndole que Mayrita había convulsionado nuevamente.   Corrió, corrieron al Hospital de Niños.   En el camino Mayra vomitó sobre el cuerpo de Diana mientras Azucena conducía el auto.  Llegaron al hospital, los pediatras sacaron a la niña de la crisis después de varias horas de suspenso, regresaron a casa.  Cuando Diana se percató que no se había lavado la vomitada de la niña en varias horas es que comprendió que la amaba.  Ya la amo, se dijo.  Y la frase ratificó el momento que fue como de revelación.   Y en el registro de su conciencia fue una supernova que explotaba de amor.   A años de distancia, la evocación del momento nos dejó ver su luz.

La niña en la actualidad sigue terapia pero ha superado traumas, es buena estudiante, madura, feliz y guapa, tiene amigos y amigas.  Ha crecido entre dos mamás que, aunque han roto su relación sentimental a lo largo de este difícil proceso, siguen viviendo en la misma casa unidas por el compromiso hacia la niña.   Están esperando que Mayra pase la pubertad,  que su psicólogo considere el mejor momento, que esté más madura para que comprenda  mejor que sus mamás no son ya la pareja en cuyo seno ella vivió sus primeros años en Costa Rica.   Están seguras que el momento llegará.

¿No es esta una historia que vale la pena?  ¿No es acaso orgullo de vivir lo que sentimos?  ¿Alegría de conocer sentimientos tan poderosos y expansivos como este amor comprometido de dos mujeres hacia una niña en pleno desamparo?

Vivo con la mamá de mi hija, nos dijo Diana.  No olvidaré esa frase que me trae la historia del amor de estas 3 mujeres y la tarde con su briza y el cielo con su celaje.

La vida. Los sentimientos. La tarde. Las amigas, el compromiso y ¡el amor!

2 pensamientos en “La mamá de mi hija

  1. Cuando falleció Eduardo Galeano, con la poca energía que me dejó la pena, comenté “Los pobres perdimos a nuestro gran periodista”.
    Galeano fue uno de los primeros (y uno de los pocos) en comprender que el periodismo de los oprimidos no es solo contar los grandes acontecimientos políticos, económicos o sociales, sino, además, contar los grandes acontecimientos humanos; aquellos cuyas acciones o procesos nos dan ánimo y ejemplo, nos hacen reflexionar y sobre todo, nos dan fuerza y sentido de la humanidad, de amor y respeto por el otro.
    Seguí contándonos estas grandes noticias humanas, para que otros, cual si fuéramos Francisco El Hombre, vayamos contándolas y celebrándolas por los caminos.
    Gracias.

    • Son geniales las historias de Galeano e innumerables las enseñanzas en escribir lo que vivía y lo que veía….gracias querido Isma, por tu comentario.

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