Hermanas siamesas

Felices expulsadas del útero materno,
nacimos lastimadas.

Dos recuerdos opuestos,
dos modos de existir,
dos tiempos simultáneos,
conjugados.

Y cada nuevo abrazo
nos provee ese recuerdo intacto.

Más también,
casi con vida propia
se instalan las distancias,
crecen los desamparos
y, de un momento a otro,
a veces sin quererlo, lastimamos
para ser nuevamente lastimadas.

Son esas las memorias que se activan,
las hermanas siamesas
que no hemos separado.