Gorila de montaña

Inhalo, exhalo.
Este tronco sostiene mi vaivén pesado
y el tiempo, quieto,
ni siquiera habla.

No obstante, en su quietud
me hundo,
corro,
me diluyo,
me deshago.

Me busco en el espejo de las noches,
en las lunas que vibran en los charcos,
en los soles que arden en mis párpados.

Y a pesar de esta áspera apariencia
me desvivo anhelando
alguien en quién mirarme.

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