Alquimia de la lectura

Me empapo de palabras
necesarias como las sillas
y santas como esas nubes
que transitan por mi vida.
 
Y pronto la lectura
se me torna ventana
por la que el mundo entero
entra por la mañana
a dejar su infortunio
reposar en mi almohada.
 
Ya la ventana es puerta,
puerta en pampas,
iglesita y campana
que vibra con el viento
que distrae al silencio.
¡Y las letras del libro
se me tornan sagradas!

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