Tímidas pinceladas de la Habana

No fui a la Habana para entender ni para juzgar. Ese proceso histórico-político-social-religioso y económico, en el que viven un poco más de dos millones de personas, requiere más que yo misma para eso.   Pero ante mi necesidad de hacer justicia a mis cortos pasos por el mundo, me surgen oraciones exclamativas, frases hímnicas, quizá perogrulladas que escribo, reiteradas ante el asombro y la admiración de lo que ví y el respeto que impone sus gentes dignas y sufridas, y su identidad de tremenda ciudad de casi 500 años, la última en ser fundada en Cuba.

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