Domingo 10 de agosto del 2003, 6 p.m / Transcripción: miércoles 21 de octubre de 2020 / #YoMeQuedoEnCasa
En este periodo del año me sorprenden los atardeceres dorados. Ayer fue deslumbrante. El camino, los árboles, la leña, resplandecían con una luz de oro que inundó también la cocina, la sala, los muebles, los dormitorios y me hizo bendecir esta casa abierta a la naturaleza con atardeceres, noches y mañanas que irrumpen con matices siempre distintos, se acomodan, platican y se van; es una casa instalada en la nobleza de la belleza.
Cuando las campanas sonaron el primero nos fuimos a la Parroquia de Santa Ana en el viejo auto de un amigo. Papi y yo adelante, atrás los sobrinos Abelino, Martín y Karlely. Apenas empezaban a llegar mas personas. Nos sentamos en la frescura de las largas bancas de madera: Ruth a la derecha de mi papi y yo a su izquierda. La iglesia y mi padre parecían compartir esa vejez solemne y clara a la que nos arrimamos para tomar una bocanada de paz.