El universo que me contiene

agujero negroAyer disfruté el documental científico de Netflix Agujeros negros, al límite del conocimiento humano (2020) de Peter Galison.  Mi atención era total, entendí poco, lloré mucho. ¡Tanta maravilla!   ¿Cómo se llegó a esa fotografía de un agujero negro? ¿Hay límites para el conocimiento?  El documental es la historia de una gesta contemporánea esperanzadora.   ¡Somos capaces de hacer cosas colaborativas, de formar equipos que llevan más allá nuestras potencialidades individuales, de perseguir sueños que nos sacan de nuestras oscuridades reincidentes!

stephen-hawking_0Mientras veía el documental era consciente que, en la mesita al frente del sillón donde estaba sentada, se encontraba el libro de El universo en una cáscara de nuez de Stephen Hawking, ese mismo que durante 20 minutos leo y releo a primera hora por las mañanas o que, más bien debo decir, abro por las mañanas para meditar porque invariablemente me invita a quedarme en una de sus imágenes, o bien en una frase irónica de su autor o en otra que no entiendo pero que me sugiere no sé qué, o en un concepto al que pellizco algún borde y hasta, a veces, en la idiosincrasia del conocimiento humano, sus tropiezos y su espectacular desarrollo, representada en esa figura impresionantemente frágil de Hawking. ¿Para qué buscamos saber? ¿Por qué es tan insaciable este deseo y consecuentemente este esfuerzo humano de ir más allá? Cierro el libro y a veces me sustenta sólo poner mis manos sobre él.  Sentir cómo danzan sus letras formando un cosmos autocontenido, como hipotetiza el autor que es el universo.

¡Gracias a la vida!  ¿Qué sería mi tristeza, mi alegría, mi rutina, mis pasos, sin ese marco coreográfico expansivo que me contiene un número impronunciable de trillones de veces?  ¿Que me alberga más allá de mi comprensión? Soy fulgente, común y fugaz grano de arena en un universo vibrante que no busca nada más que ser.  ¡Gracias a los varones y a las mujeres que nos han abierto estas puertas y esta comprensión sin comprensión para mí, que tensiona mi conciencia y me redime!

El diccionario de María

Ella fue bibliotecaria.  ¡Qué manía la mía de decir verdades incompletas!  Siempre hay una intención al hacer esto y, en esta ocasión, la mía es mostrarla cercana, tanto como creo que lo fue.  Hablo de María Moliner (1900-1981).   Su Diccionario de uso del español lleva con nosotros 54 años.  García Márquez se refirió a ella como “la mujer que escribió un diccionario”.

Se lo que es una vida de bibliotecaria y lo que pudo significar y significa su “discreta constancia”; esa que le permitió la construcción de un diccionario que, sin ella pretenderlo, iba a mover los cimientos del Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (DRAE).  Un diccionario que empezó con la elaboración de una ficha en la que escribió como epígrafe una palabra….digamos, por ejemplo, libertad…..y luego otra palabra en otra ficha…. ahora es armonía…. Iba encontrando que cada vocablo tenía vida, espacio y tiempo propios y al mismo tiempo común.  Y así… llegó a ese diccionario  “orgánico”….más de 3000 páginas, 2 tomos….

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