Amable guarida

El sol me da su luz esta mañana
y se mete en la casa donde vivo.

Un viento suave da aliento a la taza con café servido
y a la almohada, amante enamorada,
que esperará por mí todo este día;
también al jazmincillo y a la verdolaga,
a la lupe frondosa
y al discreto tejido de la vida que fluye por la menta y la poesía.

El patiecito con hamaca y flores
celebra la visita de familias de hormigas,
y un colibrí agitado deja caer un beso tornasol en su vuelo furtivo.

Se le saltan los ojos,
de querer verlo todo, a la araña cercana,
más si deja de hilar….¡sus congéneres se lo reclamarán!

Las bocas-flores del aguamarina
hace rato que cantan sus propias melodías
mientras la hiedra bulle vida y brilla verde
en mi guarida.

Mosquitos felices

Erase un domingo de luz
y mosquitos felices.
Los de la fruta rondaban las manzanas
y otros hacían bulla alrededor de la trenza de cebollas
y restos de lechuga en la cocina.

Artistas consagrados de la vida bailaban los mosquitos
en espectacular coreografía,
bastante lejos de las telas de araña,
del tarro verde del insecticida,
del estridente plaf de unas manos homínidas
y del chirrear de eléctricas raquetas asesinas.

Moscas, moscos, mosquitas y mosquitos
disponían sus almitas traviesas
a vivir su eternidad de un día.
Un poquito soñaban y otro poco reían, así eran sus vidas.

Conectados, activos, familiares, risueños.
Realizaban sus orgías esperando a Anaí, una niñita amiga que al llegar les decía:
“Hola mosquitos, ¿quieren un besito?. 
¡Ya llegó la princesa de sus sueños a agradecerles tanta algarabía!.”