El universo que me contiene

agujero negroAyer disfruté el documental científico de Netflix Agujeros negros, al límite del conocimiento humano (2020) de Peter Galison.  Mi atención era total, entendí poco, lloré mucho. ¡Tanta maravilla!   ¿Cómo se llegó a esa fotografía de un agujero negro? ¿Hay límites para el conocimiento?  El video muestra la historia de una gesta contemporánea esperanzadora.   ¡Hacemos proyectos colaborativos, formamos equipos que llevan más allá nuestras potencialidades individuales, perseguimos sueños que nos sacan de nuestras oscuridades reincidentes!

stephen-hawking_0Mientras veía el documental, en la mesita al frente, se encontraba el libro de El universo en una cáscara de nuez de Stephen Hawking, ese mismo que durante 20 minutos leo a mas bien abro por las mañanas para meditar o algo así. Invariablemente me invita a quedarme en una de sus imágenes, una frase irónica, una expresión que no entiendo pero que me sugiere no sé qué, un concepto al que pellizco un borde y hasta en la idiosincrasia del conocimiento humano, sus tropiezos y su espectacular desarrollo, representada en esa figura paradójicamente frágil de Hawking. ¿Para qué buscamos saber? ¿Por qué es tan insaciable este deseo y consecuentemente este esfuerzo humano de ir más allá? Cierro el libro pongo mis manos sobre él y siento cómo danzan sus letras formando un cosmos autocontenido, como hipotetiza el autor que es el universo.

¡Gracias a la vida!  ¿Qué sería mi tristeza, mi alegría, mi rutina, mis pasos, sin esa coreografía expansiva que me contiene un número impronunciable de trillones de veces?  ¿Que me alberga más allá de mi comprensión? Soy fulgente, común y fugaz grano de arena en un universo vibrante que no busca nada más que ser.  ¡Gracias a los varones y a las mujeres que nos han abierto estas puertas y esta comprensión sin comprensión que tensiona mi conciencia y me redime!

Tres puntos de luz

Siempre han sido luz.  Las amigas, Las platis.

La Vía Láctea y Andrómeda dentro de miles de miles de añosComenzamos el grupo de Las platis en 1992 y, principalmente Deyanira, fue la anfitriona de las reuniones semanales que se extendieron con sistematicidad durante 15 años en su casa de Guadalupe, Moravia, Alajuela, Orotina… Nunca asistí a un grupo tan exitoso y nutricio.  ¡Tan lleno de anécdotas, cantos, libros, lecturas, poesía, paseos, comida!

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