La electricista del barrio

Redonda. Una vez casi se mata por querer remendar una instalación eléctrica en el techo de su casa. Se subió, para ello, en una mesa de madera que crujiendo le dijo Bajate, no te aguanto. También cambiaba los sockets que se arruinaban con el uso y con paciencia franciscana remendaba las instalaciones de luces que debían adornar el árbol de navidad año con año. Muchas veces también fue la electricista del barrio. Nunca hubo nada que lamentar, prueba de que en la vida suceden milagros.

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Flor de caléndula

En el día en que mi hermana la tercera quedó viuda

Otro cuerpo a la tierra
y el silencio. 

Tirada en un sillón
quedó la viuda. 
Duelen las piernas
y pesan las arrugas.
Las bocas plañideras 
de sus poros parecen preguntarle
¿dónde está la que fuiste? ¿qué más esperas?
Se acabó aquel llamarla
urgido y doloroso
del marido que yace,
la limpieza de llagas
putrefactas,
la lavada de ropa interminable
y ese olor a peste
de la casa. ¿Qué le queda?
¿Es final o es comienzo?

El abrazo de hermanas
se filtra con la luz, 
es un embrujo; está vivo
como flor de caléndula en el tiempo que pasa.