Antes que hablara el lago

Nací de los acordes
y magias uterinas
y antes de abrir los ojos
soñé dos esmeraldas
de una mujer divina
y oí su tesitura
de cadencias 
y rimas.

Era húmedo el eco
que venía del lago
a vulnerarme el alma
en sus cimientos.



Y primero que antes,
con formas de mujer
fuí sólo un ritmo
que cuando quise asirlo
fue sólo 
movimiento.

Desde entonces la música
de todos los caminos
parece que me salva,
me convoca, me sana,
y que sólo ella ríe
sublevando al destino.

Por algún camino

La casa en silencio se fusionó con una adorable luz dorada, característica de algunos días del diciembre que hoy comienza.  Y de enero que está a la vuelta.   Vivir la luz es vivir la casa y viceversa.   Vivir la vida, abrir los brazos, tensionarlos hasta sentirlos abrazar lo posible. La luz.  La vida.  La casa.

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