Flor de madroño

Quería hacer un reseña y resultó un poema, o parecido. Es mi modo de decir GRACIAS por el libro En busca de Venus: el arte de medir el cielo, de Andrea Wulf (Taurus, 2012) que recién termino de leer.

Cuando nos acercamos al cementerio de Chinandega, ese martes 18 de enero, en el vertedero municipal, justo detrás, hacían una quema de rutina.  De ahí provenía una espesa y pestilente columna de humo negro que volvía más rudo el final de aquel cortejo fúnebre.

El paisaje caótico en la tierra que pisábamos, también lo era en el aire de las 11 de la mañana de ese pueblo fronterizo y caliente.  Un viento moderado se llevaba la nube negra en dirección contraria y, de forma intermitente, me permitía sentir un refrescante olor a madroño.  A flor de madroño puntualizó el poeta Pedro Rafael, quien también me alertaba sobre las mierdas de perros a lo largo de esos dos kilómetros de calle que, desde la Iglesia de San Agustín, en línea recta, nos llevaban, caminando, hasta el cementerio de la ciudad.

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