Darwin y los otros

A Juan Luis, Enrique y Roland

Darwin vivía con nosotros en Managua.
Ese monito, flaco y larguirucho,
no quería a mis hijos
desde una vez que lo jalaron de la cola.

Era feo,
aunque yo lo miraba bonito.

Enrollando su cola en mi cuello me jalaba
y se prendía de mi talle para que le hablara.
Algunas tardes íbamos por pan y leche
tomados de la mano,
contentos, orgullosos.

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