Conjuro por un niño

niñopobre¡Abracadabra
que tus ojos me ven
y mis labios te nombran,
abracadabra que el juguete es tuyo,
abracadabra que te quiero mucho
niño sucio y golpeado,
hediondo y potencial delincuente
para que otros se sientan
inocentes!

Hechicera de tu rancho de lata
abracadabra digo a la inmundicia,
y por tu ventana
bruja escobaun aroma de rosas
te involucra en ternuras:
mi sortilegio provoca flores
en donde hay basura.

Con mis dedos de bruja blanca y negra
toco predios
que estallan en escuelas
y risas de chiquillos
confiados que la vida es una suma
para ellos,
aunque aprendan la resta.

 

¡Abracadabra
que con mi poderosa
mirada de hechicera
hago confluir al mundo
a tu servicio
pequeño principito oculto
entre mugre y blasfemias!

niño y mamáAbracadabra que tu mama te mima,
abracadabra que tu mama te espera,
abracadabra niño que reniego,
y reniego,
que reniego hasta el último aliento
de la leche, la escuela,
el caramelo, el juego
y el beso
que te niegan.

¡Abracadabra
que con este conjuro
temblarán los infiernos!

El futuro

Estoy en el futuro.  Dos mil veinte y uno es el futuro de aquella niña de abundantes rulos negros que iba a la Escuela del Calvario en Chinandega.   No cuento el tiempo en el calendario porque está dentro mío tumultuoso, arcaico, rebosante.

Lejana de mí misma, en mi futuro.  Viajo en la luz desde otros tiempos, para visitarme en este día de este año en el que escribo; vengo de los cincuenta y los sesenta cuando salían versos de una mamá redonda; quizá también de las décadas de los ochenta y los noventa en las que fuí  la mujer de los hijos pequeños y los amores muchos.   Y busco una conexión, no anecdótica, con la mujer de hijos grandes, amores pocos y abundantes rulos blancos que ahora soy.

liriosNo se si yo soy yo.

En mi casa de mujer de hijos grandes y abundantes rulos blancos sembré unas plantas de lirios amarillos, de esos que parecen mariposas.  Las ramas que planté se habían desprendido de una mata mayor y estaban por ahí, tiradas.  Las voy a replantar, dije cuando las vi, y no lo hice sino hasta hoy.

Los lirios son lámpara de Aladino de la que surge la niña de rulos negros. Me sorprende el cosquilleo de su germinar y en ellos el tiempo sigue rebosante. Y también en la niña que fue a la Escuela de El Calvario en Chinandega.   Hago un hueco en la tierra del patio y pongo las ramas de lirio para luego despistarme; me dedico a otras cosas, como la mujer de hijos grandes y pocos amores que soy; cosas como tomarme a sorbos una taza de café paseándome por la casa como lo hacía el padre de la niña de abundantes rulos negros, bañarme, ir a la peluquería donde me lavarán el pelo y me harán el pedicure, hacer una ensalada para el almuerzo.  Y así pasará hoy y pasará mañana.   Y no sé cuándo, muy próximamente, me acordaré de los lirios que planté e iré al patio.

En un acto íntimo la ramita se prenderá a la tierra enterrando sus raíces. Quizá por eso la dejo sola con su quehacer genuino; y al cabo de varios días florecerá…. El tiempo pasa, podré sentirlo en el fulgente amarillo de los lirios; en su efímera presencia me traerá ecos de la mujer de hijos pequeños y muchos amores y también de la niña de abundantes rulos negros.

Cuando mire la ramita turgente, sueltas al viento sus alargadas hojas verdes, agarrada a la tierra más firmemente de cuando la dejé, habrá llegado el futuro de todos los futuros y con él la niña flaca de muchos rulos negros que fue a la escuela en Chinandega y se recrea en los lirios que prendieron en su patio.  El pasado claramente será la mujer de hijos grandes y abundantes rulos blancos que hizo el hueco en la tierra para que creciera el lirio.