Atasco

Difícilmente podré contar ese atasco.

Yo había visto películas que satirizaban situaciones de embotellamientos de vehículos en los regresos de veraneantes a los centros urbanos de grandes ciudades como México, Madrid, Tokio. De ellos, los atascos, he vivido una versión sinóptica en Costa Rica en la carretera hacia Cartago y en la carretera hacia Heredia (dos horas en la primera y 1 hora en la segunda) y me habían parecido excesivos. Y no porque no ocurran más presas de vehículos en Costa Rica, sino porque a mí, en mis cotidianos trayectos, no me había pasado.

Pues nada de lo vivido, visto u oído se me pareció al embotellamiento de ese sábado en el kilómetro 154 de la ruta al pacífico, en San Bernardino Suchitepéquez.

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un pequeñito mar

llueve,
¿de dónde vendrá el agua?
¿a dónde irá?
esta porción de lluvia recogida
agita mis anhelos,
acoge mis preguntas,
remoja mis incendios

con esta agua de lluvia
y seis bolsas de sal
haré en mi casa un pequeñito mar

pondré en él los cuarzos y corales
del inventario de mis ilusiones,
que naden como peces de colores
o formen arrecifes a su antojo

si tengo tempestades
buscando un hospedaje,
si tengo una tortuga
esperando por sus profundidades,
y tengo un papelito
dispuesto a transformarse
en velerito,
y si tengo al final
tanta necesidad de tanto mar
y toda el agua de lluvia más la sal
¿que más puede faltar?

el doctor, un excelente marido

El viejo de presencia noble, flojo y panzón, piel blanca, ojos azules y escasa melena canosa, en realidad dista bastante del joven apuesto que recordaba lleno de entusiasmo y chistes cuando era novio de su hermana la mayor, un buen puñado de años atrás.

Entonces en el pueblo era un inmejorable prospecto de marido.  Nada menos que un médico recién graduado en la UNAN de León en el seno de un pueblo cuasi analfabeto y donde los niños y los adultos mayores son salvajemente golpeados por la desnutrición y la disentería.  Pero su hermana lo había mandado al carajo porque la desubicaba no saber, con él, cuando las cosas eran verdad o eran chiste.  Su hermana que desde entonces ha sido una mujer de una sola y buena pieza y que, para su edad entonces, tenía prestigio de demasiado seria.

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nacido en un día azul

Daniel Tammet, en su autobiografía “Nacido en un día azul” (Málaga, España, 2006, editorial Sirio) nos regala una tremenda sorpresa: expresar de modo sencillo y magistral la complejidad de un genio autista del primer mundo, Inglaterra.  No sabía Tammet que en realidad su lectura nos conecta con ese niño interior que siempre somos más allá de la ficción de ser adultos en un mundo adulto que no nos está dando buenos resultados.   Desde este punto de vista su aporte es invaluable.

El libro habla al niño interior, lo busca.  Y es desde esa conexión su aporte y su valor.  Con autenticidad dice lo que siente y como lo siente y como lo enfrenta, así sean cosas cotidianas como ir a la escuela, como complejidades del genio que aprende 22500 decimales del número pi. Es un libro que se nos queda, inquieto y sorprendido, brillante, jugueteando y acompañándonos en nuestra vida.  Es un libro para decir GRACIAS cuando llega a nuestras manos.