Gorila de montaña

Inhalo, exhalo.
Este tronco sostiene mi vaivén pesado
y el tiempo, quieto,
ni siquiera habla.

No obstante, en su quietud
me hundo,
corro,
me diluyo,
me deshago.

Me busco en el espejo de las noches,
en las lunas que vibran en los charcos,
en los soles que arden en mis párpados.

Y a pesar de esta áspera apariencia
me desvivo anhelando
alguien en quién mirarme.

Enfermar y sanar

Soy tu todo, 
dice el cuerpo a golpes
que nos tapan la boca
y nos deja perplejas,
locas personas que palpitan
desde un poco de agua,
un sorbito de caldo,
o un simple aquí estoy.
 
Enferma con el doliente
el mundo y se nos quiebra
el alma.
Y enormes ojos
desde arriba esquivan
nuestra acuosa mirada.

Las parejas,
las familias,
los amigos,
y las amigas vibran
cual cuerdas musicales.
que arrullan y que sanan
desde su propia alquimia