La rana de cristal vive en los bosques húmedos y ríos que rodean la cuenca del lago de Nicaragua, ya adulta puede medir entre 2 y 3 cm y, si tiene suerte, vive hasta 14 años.
Soy rana de cristal, descanso sobre un clorofílico sofá de mi casita arbórea. Y acurrucada me sumerjo en el sueño como a un conocido arroyo de agua mansa.
Me gusta que mis párpados se caigan poco a poco y cubran las bolitas de mis ojos saltones.
Anciana y remolona me recojo sobre mis cuatro patas y apenas me parezco a un huevo apoltronado o a una gota de agua somnolienta.
Una roja hoja del almendro de mayo en la montaña acaricia mi piel ruda y me tapa… y entonces duermo y sueño….
La libélula azul se posó en mi nariz y me despierta. Sabe que no me la comeré porque ve mi corazoncito rojo palpitando, sigue su vuelo entonces, inquieto, en el remanso, piensa que es su estanque y la dejo equivocarse un poco, es tan bella y tan frágil....
Hoy quiero estar aquí, en el dosel del almendro que me regala una vista magnífica al follaje.
Siento el cálido vapor que el sol hace brotar desde la charca y pienso que estoy vieja, con dos moscas al día a mí me basta, no brinco demasiado y vivo esas sorpresas que junto a la libélula encontramos en esos patrullajes que todavía hacemos sobre las aguas claras.
estoy pidiendo fuga como quien pide pan o talvez lluvia
estoy deseando fuga con todo mi fervor como deseo amor
una fuga completa de mí misma la que dicen que soy y que no soy y soy
este punto, esta línea, este color exacto, este lugar, la hora, esta huella pequeña me mantienen la vida constreñida, mi rostro está perdido de andar tanto cansado y escondido
yo quiero un rostro en fuga, veloz, advenedizo, que a veces insinúe y por favor que calle, que calle y que bendiga