Insomnio

Trastornos del sueño - Nepsa Rehabilitación NeurológicaEn esa fase de la vigilia al sueño, cuando no puedo dormir porque una idea obstinada ocupa mi conciencia, empiezo a contar GRACIAS como se cuentan cabras.  GRACIAS una, GRACIAS dos, GRACIASy llego hasta GRACIAS 10 para repetir el ciclo las veces que fuesen necesarias.  Ellas aparecen así, en mayúsculas, saltando como caprinas rítmicas y ordenadas.  Me sucede, a veces, que a medida que me sumerjo en el descanso y aún con algo de percepción, me entero que las GRACIAS fueron tomando forma, poco a poco, de fragmentos de arcoíris y mi mente se adapta a veces juguetona, a veces anhelante, y automáticamente va uniendo, uno a uno, los pedazos coloridos ocupándose fluidamente en formar un arcoíris completo que empieza por el Polo Norte hasta llegar al Polo Sur a través del Meridiano de Greenwich.  Me sosiega ese abrazo holográmico a mi planeta tierra. Cuando tengo suerte me duermo antes de llegar al paralelo 0 y el piloto automático de mi conciencia se rinde….y mi cuerpo descansa en las almohadas de sí mismo.   Otras veces comienzo a unir mis pedazos de arcoíris por la parte de Groenlandia en el norte y me quedo atravesada en la parte superior de América del Sur.   Intentaré hoy pasar con mi arcoíris sólo océanos e iré surfeando olas y olas y olas…. no me gusta combinar continentes con mares para dormirme.  Me puedo enredar y esto reactivaría mi vigilia.

El fantasma de Canterville

Imágenes de Fantasma | Vectores, fotos de stock y PSD gratuitos¿Qué puedo decir de El fantasma de Canterville que ha sido leído por generaciones desde su publicación en 1887, llevado al teatro y a la pantalla varias veces y que yo, recién disfruto en una edición de Editorial Alianza de 1993?

Contagiada por la frescura de la prosa de Oscar Wilde (1854-1900) escribiré sonriente mi primer pensamiento en reacción a su lectura: ¡Qué historia tan bonita!

A mis casi 70 años es lindo encontrar que la literatura clásica ya había hurgado en el alma de los fantasmas desprestigiados, sus afanes, sus tormentos, sus frustraciones, sus incompetencias.   Ahora comprendo que El fantasma de Canterville  es de la misma calaña de los que han poblado mi vida y que, desde hace mucho, se reúne y hace terapia con ellos porque todos, en intentos fallidos, buscan encontrase a sí mismos mientras siguen programando cómo seguir asustándome.    Un fantasma deshonrado como ese me ayuda a transitar estos días de infaltables congojas familiares y cambio de gobierno en Costa Rica, llenos de incertidumbres, espectros que se dibujan y desdibujan casi cotidianamente.

Pero esas sesenta páginas de lectura no tienen desperdicio.   El hechizo se diluye en la unión de la familia de Míster Otis, son las risas y las travesuras familiares las que descolocan al fantasma provocándole una crisis de sentido.   La magia de la familia es de otra polaridad y el sortilegio amoroso de la pequeña Virginia es poderosa fuerza que salva hasta al fantasma, cansado de atacar, de programar maldades, de delinquir, de no ser amado y que, a esa altura, sólo quiere descansar.   Lejos de encontrarnos con un escepticismo kafkiano sucede lo contrario en la familia Otis: cree en lo que vale la pena creer, el amor.

Este texto es una invitación, también, a escuchar a esos fantasmas que viven en nuestra casa interior y, en un abrazo auténtico, permitirles descansar de nosotros.   O sea: el objeto del amor es el otro, los otros, siempre.

Si aún no han tenido la oportunidad de leer este libro, acá queda el enlace al texto.