Hermanas siamesas

Felices expulsadas del útero materno,
nacimos lastimadas.

Dos recuerdos opuestos,
dos modos de existir,
dos tiempos simultáneos,
conjugados.

Y cada nuevo abrazo
nos provee ese recuerdo intacto.

Más también,
casi con vida propia
se instalan las distancias,
crecen los desamparos
y, de un momento a otro,
a veces sin quererlo, lastimamos
para ser nuevamente lastimadas.

Son esas las memorias que se activan,
las hermanas siamesas
que no hemos separado.

Algún sentido

Soy un trozo de papel cebolla
de la página 347
de las obras completas de Rubén Darío.
Esa de la editorial Aguilar, de los años cincuenta,
la que tiene el ADN de mi madre y mi familia.

Desvanezco llena de poesía,
me hago polvo de palabras,
partícula de letras que se rompen
ante un roce,
un pequeño gemido.

Me cuido.
Y, a veces, evito que un vocablo
se desprenda del contexto lingüístico,
para ofrecer desde mi piel,
algún sentido.