El tiempo que se posa

Un anillo
un lunar y una pulsera
en mi diestra prodigiosa
por cinco dedos que ríen
y que trabajan y duelen
con historias fantasiosas.

Toco al tiempo
que se posa
en azul y mariposa,
la aguja de mi reloj
descansa sobre el momento
en que el índice decide
señalar al firmamento.

Es lo eterno lo que cuenta
cuando la rosa despierta
o me ven tus ojos buenos,
porque en el tiempo me pierdo
y si perdida me encuentro
busco al mundo entre las cosas
que puedan rozar mis dedos
y sin quererlo acaricio,
calladita, lo que puedo.

La muchacha


migrante
por el mundo errante,
a todo su planeta
abraza con sus cuidos

su hábitat, el milagro
su vestido, el silencio
su quehacer,
una búsqueda incierta

acostumbrada
al tiempo del yigüirro,
cada amanecer es un presagio
despertándola leve
a vivir su naufragio

y empiezan sus colinas,
sus valles y sus cuencas
a convocar la magia de la vida

y sus sentidos ácimos
viven su incompletud
un nuevo día
y se templan perdonándolo todo,
hasta el abismo,
mientras fluye el amor
tumulto bulla
fanfarroneando ebrio
de sus mejores vinos