Fuga

estoy pidiendo fuga
como quien pide pan
o talvez lluvia

estoy deseando fuga
con todo mi fervor
como deseo amor

una fuga completa
de mí misma
la que dicen que soy
y que no soy
y soy

este punto, esta línea,
este color exacto,
este lugar, la hora,
esta huella pequeña
me mantienen la vida
constreñida,
mi rostro está perdido
de andar tanto cansado
y escondido

yo quiero un rostro en fuga,
veloz, advenedizo,
que a veces insinúe
y por favor que calle,
que calle
y que bendiga

Este gajo de gentes

Este gajo de gentes 
que llamo mi familia,
resilientes migrantes
en este globo errante,
conserva un asidero
como okupas
en un rincón de mí.

Son gentes muy variadas
y valientes
si bien no las conozco a todas,
de vez en cuando lanzan
buzucasos de sangre
directo al corazón.

Hay ancianas y jóvenes,
salvajes y poetas,
maestras y artesanos,
alcohólicos, suicidas,
médicos y dentistas,
ingenieras aeronáuticas,
eternas niñas viejas
y muertos recordados
y vivos olvidados
sin que falten las guapas
y los guapos
y hasta los niños díscolos.

Como una nota al pie, explico:
no existe en este espectro
ladrones ni políticos
lo cual es una dicha.

Y todos nos movemos azorados,
buscándonos en otros,
sin tomarnos las manos,
inconexos los lazos
del abrazo
y latentes los vicios tan humanos
que nos traen noticias
a veces fastidiosas
y otras veces fatales,
oscuras, retorcidas,
que parecen un cuento
de finado Allan Poe.

Y somos un pueblo itinerante,
un grito suelto,
un puño de apellidos diversos
que, por los parajes que dejamos atrás,
nos sabemos una mansa parentela
que en delirantes éxodos
camina con recato por la tierra.