¿Pensamiento de una niña de 3 años?

Quedé desprotegida
protegida por la ley.

Mi papá aprendió a cambiar
mis pañales cuando nací
y me hacía de comer.
En los parques jugaba conmigo.

Cumplí mis 3 años, feliz, a su lado.

La ley no le obligaba a ser así,
lo hacía porque me amaba.

Un día mamá y él pelearon.
Mi mamá lloró, habló mal de él,
y a mí me poseyó como moneda de cambio.

Si mi papá no le daba dinero,
yo no debía verle, ni gozar su abrazo.

Mi papá no tenía dinero,
no era un buen proveedor,
ni siquiera un proveedor.

El quería darme amor,
hablarme de los árboles,
hacerme fiestas de disfrases,
leerme libros….
pero eso no interesaba
ni a mi mamá,
ni a la ley.

Si mi mamá hubiera leído
mi deseo en mis ojos,
en mis llantos,
en mis rabietas…
me hubiera dejado con él,
pero ella no conoció la felicidad
de una niña con papá
y no podía comprenderme.

Y quedé desprotegida
protegida por la ley.

Mosquitos felices

Erase un domingo de luz
y mosquitos felices.
Los de la fruta rondaban las manzanas
y otros hacían bulla alrededor de la trenza de cebollas
y restos de lechuga en la cocina.

Artistas consagrados de la vida bailaban los mosquitos
en espectacular coreografía,
bastante lejos de las telas de araña,
del tarro verde del insecticida,
del estridente plaf de unas manos homínidas
y del chirrear de eléctricas raquetas asesinas.

Moscas, moscos, mosquitas y mosquitos
disponían sus almitas traviesas
a vivir su eternidad de un día.
Un poquito soñaban y otro poco reían, así eran sus vidas.

Conectados, activos, familiares, risueños.
Realizaban sus orgías esperando a Anaí, una niñita amiga que al llegar les decía:
“Hola mosquitos, ¿quieren un besito?. 
¡Ya llegó la princesa de sus sueños a agradecerles tanta algarabía!.”