Corazón de lagartija

Recuerdo de ese único día en el Río Rincón, montaña de Cerro de Oro en la Península de Osa.

Tropezar y avanzar fueron lo mismo
en la ruta del río esa mañana 
de montaña sin tiempo.

Redondas rocas simulaban ojos
con pestaña de musgos que lloraban aguas 
de largos recorridos.

Entre estrechos cañones de laderas altas
pozas tocadas por los rayos de sol
albergaban coloridos cuarzos 
que se volvían peces en su cauce.

El cielo era apenas una referencia
ante un suelo vibrante.

Pequeñas lagartijas acróbatas
en un santiamén surcaban la piel del agua,
de la piedra y de mi vida,
daba lo mismo, éramos lo mismo.

Y ese mágico día fui Cerro de Oro, Río Rincón, 
roca llorona, tuco de cuarzo, grano de arena, rayo de luz, 
burbuja de agua cristalina,
y corazón de lagartija en la montaña viva.