
En mi vida no hay chicharras
y unas cuantas
deslucidas y lejanas
se amontonan clandestinas
en el patio de guayabas
de la casa de mi infancia.
En el día encontraba sus vestidos
que abandonan y que cambian
estructuras delicadas
puras pistas que estuvieron en mi casa
cuando un parto de la tierra
estallaba por las noches
en canto de sus entrañas.
Chicharras bailadoras de la noche, energúmenas de la fiesta de estrellas y alumbradas por la luna, que les tiene celos porque salen con los gatos y los perros a vagabundear por las calles de la vida