Este gajo de gentes

Este gajo de gentes 
que llamo mi familia,
resilientes migrantes
en este globo errante,
conserva un asidero
como okupas
en un rincón de mí.

Son gentes muy diversas
y dispersas
que si bien no las conozco a todas,
de vez en cuando lanzan
buzucasos de sangre
en ruta al corazón.

Hay ancianas y jóvenes,
salvajes y poetas,
maestras y artesanos,
alcohólicos suicidas,
médicos y dentistas,
ingenieras aeronáuticas
y eternas niñas viejas,
sin que falten las guapas
y los guapos
y hasta los niños díscolos.

No existe en este espectro
ladrones ni políticos
lo cual es una dicha.

Y todos nos movemos azorados,
buscándonos en otros,
sin tomarnos las manos,
inconexos los lazos
del abrazo
y latentes los vicios tan humanos
que nos traen noticias
a veces fastidiosas
y otras veces fatales,
oscuras, retorcidas,
que parecen un cuento
de finado Allan Poe.

Y, por los parajes que dejamos atrás,
nos sabemos una mansa parentela
que en delirantes éxodos
camina con recato por la tierra.

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