En el día en que mi hermana la tercera quedó viuda
Otro cuerpo a la tierra
y el silencio.
Tirada en un sillón
quedó la viuda.
Duelen las piernas
y pesan las arrugas.
Las bocas plañideras
de sus poros
parecen preguntarle
¿dónde está la que fuiste?
¿qué más esperas?
Se acabó aquel llamarla
urgido y doloroso
del marido que yace,
la limpieza de llagas
putrefactas,
la lavada de ropa interminable
y ese olor a peste de la casa.
¿Qué le queda? ¿Es final o es comienzo?
El abrazo de hermanas
se filtra con la luz, es un embrujo,
está vivo como flor de caléndula
abierta al tiempo que doliente pasa.