A esa querida ciudad caliente y sucia, Chinandega
Sé cuánto quema el sol porque la bondad redonda de la luna en tus parques, bendijo mi descanso por las tardes. ¡Y quise sol y luna porque me lo enseñaste!
A esa querida ciudad caliente y sucia, Chinandega
Sé cuánto quema el sol porque la bondad redonda de la luna en tus parques, bendijo mi descanso por las tardes. ¡Y quise sol y luna porque me lo enseñaste!
A Chinandega, que se hizo mi ciudad ya para siempre
Conozco la intemperie de tu tristeza pobre, el llanto de tus niños, la basura, y el rubor encendido de los grandes malinches que custodian tu entrada es vergüenza de flores que anuncian muchas vainas.