Un día de abril en Managua fuí gata que maúlla el dolor de una historia sin salida mientras livianas ternuras instalaban su tienda transitoria y me sostenían en esa nueva versión de la vieja miseria conocida. Sigue leyendo
En abril, en Nicaragua, los campos están secos (1993)
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Un día de agosto y lluvia apareció en mi jardín. Feo como todo sapo, y grande. Es un feo bello, dije, aunque quería decir solamente ¡es bello! El sapo comenzó a habitar la casa sin aspavientos, como si fuera oriundo del pequeño patio. ¿De dónde vendría? Las opiniones divergían al respecto, pero eso no viene al cuento.