El sol me da su luz esta mañana
y se mete en la casa donde vivo.
Un viento suave da aliento
a la taza con café servido
y a la almohada, amante enamorada,
que esperará por mí todo este día;
también al jazmincillo y a la verdolaga,
a la lupe frondosa
y al discreto tejido de la vida
que fluye por la menta y la poesía.

El patiecito con hamaca y flores
celebra la visita de familias de hormigas,
y un colibrí agitado deja caer un beso tornasol
en su vuelo furtivo.
Se le saltan los ojos,
de querer verlo todo, a la araña cercana,
más si deja de hilar….¡sus congéneres se lo reclamarán!
Las bocas-flores del aguamarina hace rato que cantan
sus propias melodías.
La hiedra bulle vida y brilla verde.
Amanezco. Tarde para mis ejercicios, pero ya voy a ellos. Luego me haré un desayuno. Es una de tantas mañanitas oscuras de la temporada. Tengo el sábado lleno de trabajo pues la próxima semana es la Semana de las Mujeres en conmemoración al 8 de marzo. Al alma la acaricio como a un gato, así no brinca. Mañana veré a Anaí. Ya casi para despertar, soñé una visita hermosa y fresca, el poema de Ernesto Cardenal Viniste a visitarme / en sueños / pero el vacío / que dejaste cuando te fuiste / fue realidad.