Como ofrendas


Vengo del abrazo
de un hombre y una mujer
a sus treinta y pico enamorados.

El espermatozoide de ese vaqueano guapo, 
altivo, sano y bohemio 
se fusionó con el óvulo de una mujer iconoclasta, 
autodidacta, soñadora, laica.

Y nací.

Los dos protagonistas 
de esa cópula, mi cópula, 
delicioso proemio de mi vida, 
quedaron unidos por las montañas 
de su común pueblo natal, 
las rencillas familiares, 
la guerra civil primero, 
la insurrección popular después, 
los hijos, las hijas, 
los silencios y las despedidas
las necesidades y el amor.

Fueron honrados en medio de ladrones, 
íntegros en la fragmentación, 
limpios en la mugre,
disciplinados en la anarquía.  

Mi padre aportó camisas blancas mangas largas,
al paisaje de sucios y derrotados
y mi madre opuso veladas darianas
a las tardes de toques de queda.

Extendieron a su tiempo 
miradas de horizonte, 
y ambos dieron su rabia ante lo injusto
y su aprecio por todas las personas
como ofrendas para cambiar el mundo.

No hay ayeres ni mañanas,
ni vigilias ni sueños
que estén lejos de ellos.


Y me explico en tus ríos

A Chinandega, la ciudad iluminada en mi conciencia

Difícil es quererte
sin caimitos, naranjas,
mandarinas, ni mangos,
tu hospital infectado,
tu cárcel inclemente
y esos algodonales
cosechándonos males.

¡Son abismos de horror
los surcos que el sudor
formó en tu gente!

Más también...
exactamente ahí
queda la amiga,
la familia,
el novio pueblerino,
la escuela,
el tontito del barrio,
la maestra en tacones,
las lluvias torrenciales,
y las noches darianas
con hermanos y madre
despistando a infantiles
estómagos con hambre.

Y yo siento crecer
como madroño fuerte
un complejo sentido
que soy tuya
y sos mía,
y te expreso en mi cara
y me explico en tus ríos.