Me voy de esta oficina. Adiós a los estantes y a los libros que me recordarán desde sus páginas; extrañaré el correo que seguirá llegando a nombre mío, a los usuarios en búsquedas constantes y a las computadoras que guardaron celosas mis compromisos diarios. Queda el esfuerzo de mi labor creativa untado en las paredes y las sillas y empiezo a tararear canciones olvidadas en cada amanecer entre mis sábanas. (22 de octubre de 1993)
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Mariposas heridas
Para la excompañera de mi compañero y la compañera de mi excompañero, estas líneas escritas en 1999.
Nacimos en distintos lugares,
instalamos diferentes tiendas
-presumibles casas-;
construimos disímiles historias,
y confluimos en los mismos dolores
cuando el amor fue convocatoria.
¿Y qué importan los hombres,
si cada una tenemos
corazón de mujer
más allá de sus nombres?
No la miel ni la flor,
mariposas heridas,
el vuelo es el destino,
y el tiempo y la distancia
son pobres artificios
si la vida nos hizo
ser mujeres de oficio.
Por eso les regalo
mi poesía y mi risa,
también mi incertidumbre,
mi angustia,
mi cansancio,
mi completo fracaso,
mi trozo de esperanza,
mi paisaje de sol en el ocaso.
Les doy mi patio florecido,
mis veredas, mi hallazgo,
mis jazmines, mi pájaro sin nido.
Les regalo mis dudas
-con ternura-
y la apuesta sencilla
a que la lluvia llueva
y vuelva ese milagro
de cada nuevo día.
Me voy de esta oficina.
Adiós a los estantes
y a los libros que me recordarán
desde sus páginas;
extrañaré el correo
que seguirá llegando a nombre mío,
a los usuarios en búsquedas
constantes
y a las computadoras
que guardaron celosas
mis compromisos diarios.
Queda el esfuerzo de mi labor creativa
untado en las paredes y las sillas
y empiezo a tararear
canciones olvidadas
en cada amanecer entre mis sábanas.
(22 de octubre de 1993)