Las viejitas

En la muerte de la mamá de Deyanira y la mamá de Rocío Garro que sucedió en la misma semana del año no me acuerdo.
cuando se muere una viejita
susurra el aire una canción distinta
y la teatrera muerte
desfila entre mil flores
y entre tan tiernos cuentos,
cafecito y rosquillas
acepta compungida
que bajó su autoestima

no hay gritos ni lamentos,
la muerte está perdida,
por esta vez la vida
le ganó la partida

las viejitas imitan a la tarde
y a poquitos se adueñan de la noche
que usan como pizarra para sus largas vidas
y un tintero de estrellas les convida
a escribir a los nietos y bisnietos,
y a pléyades de hijos y sobrinos
sus más ricas recetas de cocina
remedios para el alma
y consejos a las buenas vecinas

las viejitas se van
discretas y tranquilas,
me dejan a sus hijas
tan bellas, tan cercanas,
tan amigas,
que parecen estrellas
en mi vida

Un punto, un minuto

El sol sale al este.

Estaba frente al sol.  A la izquierda el norte, a la derecha el sur.  Eso le había enseñado su hijo el menor para ayudarle en su desubique, esa manera tan suya de ser y estar, vivir y convivir, sentirse.  En su casa, entonces, el invernadero estaba al noroeste del terreno, la huerta al sureste.  En la ciudad, a donde poco iba, las avenidas corrían de este a oeste, las calles de norte a sur.  No debía olvidarlo, no quería seguir pareciendo chiquilla tercermundista en un cuerpo de adulta menopáusica. Sigue leyendo