En abril las luciérnagas

Recuerdo de la casa en la carretera hacia Rancho Redondo

Las luciérnagas iban llegando de a poco.   Las estrellas de la constelación de Orión y la del Perro, y hasta Cirius, envidiaban su liviandad, su jugueteo. Asincrónicamente aparecieron sus palpitaciones luminosas entre el pasto, las bugambilias, las hortencias y los bambúes, justo cuando los pájaros aquietaron sus jolgorios y en el horizonte el valle se abrió dibujado por luces de ciudad. Una por una las luciérnagas, montoncitos de tres, de siete como las siete cabritas, están arriba, abajo, más abajo, allá, acullá, aquí mismo en los geranios…. ¡la noche nació palpitante!. Minutos antes era diferente: que si tres palomas volaban por encima de la ixora, que si aquellas golondrinas jugueteaban sobre la copa del aguacate y aquí, cerquita, los pecho-amarillos hacían temblar el frondoso laurel casi al alcance de mi mano, mientras maiceros y yigüirros se juntaron al concierto del sol que se ocultaba.

La tarde bulle de vida; es un momento de gratuidad: las luciérnagas…. los pájaros….. por allá Orión…. por aquí el sol ya se durmió….

Las pequeñas quiebraplatas de mi infancia son fiesta para mis pupilas mientras el corazón confirma que soy de este paisaje, con Luisa -la gata- como testiga, aunque ella esté más interesada en correr tras una mariposa que en dar cuenta de esta historia.

En abril, en Nicaragua, los campos están secos

NicaraguaUn abril en Managua fuí gata que maulla el dolor de una historia sin salida junto al placer de besos que, con su magia, me tornaban luminosa.  En mi cuerpo confluían los miserables de la tierra y livianas ternuras que instalaban su tienda transitoria.

Igual que yo, mi amante estaba de paso por Managua.  Bendije su existencia y los ratos que, en su compañía, me sostenían en el paisaje árido, en lo nuevo de la vieja miseria que tan bien conocía. Sigue leyendo