La casa de la tortuga

Para Anaí y Leo

A pasitos caminaba
la tortuga por la arena
sacando su cabecita
y juntado piedras bellas.

No no no,
Si si si si.

Entre tumbos la saludan
peces-globos a lo lejos
y ven que entre risa y risa
platica con los cangrejos.

Que no que no, que si que si.
¡Que esta tortuga marina 
ocupa una casa nueva
donde se aloje segura
su gran colección de piedras!

No no no no, si si si si.

Buscó y buscó por la arena
y en un rato ella encontró
un caparazón pintado
con la luna y con el sol.

¿Pensamiento de una niña de 3 años?

Quedé tan desprotegida
protegida por la ley.

Mi papá aprendió a cambiar
mis pañales cuando nací
y me hacía de comer.
En los parques jugaba conmigo.

Cumplí mis 3 años, feliz, a su lado.

La ley no le obligaba a ser así,
lo hacía porque me amaba.

Un día mamá y él pelearon.
Mi mamá lloró, habló mal de él,
y a mí me poseyó como moneda de cambio.

Si mi papá no le daba dinero,
yo no debía verle, ni gozar su abrazo.

Mi papá no tenía dinero,
no era un buen proveedor,
ni siquiera un proveedor.

El quería darme amor,
hablarme de los árboles,
hacerme fiestas de disfrases,
leerme libros….
pero eso no interesaba
ni a mi mamá,
ni a la ley.

Si mi mamá hubiera leído
mi deseo en mis ojos,
en mis llantos,
en mis rabietas…
me hubiera dejado con él,
pero ella no conoció la felicidad
de una niña con papá
y no podía comprenderme.

Y quedé desprotegida
protegida por la ley.