Alquimia de la lectura

A mi mamá, que me enseñó a leer

Me empapo de palabras
necesarias como las sillas
y santas como esas nubes
que transitan mi vida.

Y pronto la lectura
se me hace ventana
por la que el mundo entero
entra por la mañana
y deja a su infortunio
reposar en mi almohada.

Otras veces el texto
es sagrario, iglesita y campana
y vibra con el viento
que distrae al silencio.

¡Y las letras del libro
entonces son sagradas!

Memoria poética

Es jueves soleado.   Hay nubarrones formándose por el este.  El aguacero estará por aquí en dos o tres horas.  Con sólo esperar la lluvia ya me alegro. Hay un registro ahí, en mi memoria, que no he decodificado.   ¿Es probable que la brisa me traiga la humedad del agua del lago en cuyas cercanías nací? ¿O provenga de una memoria genética anterior, relacionada con el agua como fuente de vida? ¿Será la memoria poética una huella de amor en la memoria genética? ¿Y ese registro de identidad, pertenencia, sabrosura o qué se yo, es patrimonio universal?

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