Tres grandes poemas de Enjeduana dedicados a Inana

LIBRO DE ENJEDUANAEste libro llegó a mis manos porque era necesario.   Su título, Tres poemas de Enjeduana dedicados a Inana  (Universidad Autonóma de México, 2009) lo conocí hace dos años cuando leí un artículo de la Jornada: Enjeduana ¿la primera poeta del mundo?.   Desde entonces quedé pensado en ella.  El artículo me dejó la inquietud por saber más de esa mujer que es la primera poeta hasta ahora conocida, con himnos anteriores al poema de Gilgamesh, la Biblia y el Corán.   Una mujer que vivió diecisiete siglos antes que Safo, once siglos antes que Homero y cinco siglos antes de Abraham.

Qué es el tiempo y quiénes somos, me pregunto enfrentándome a la misma y universal herida abierta.   Y como quién busca sanarla de algún modo se sucedieron otras interrogantes: ¿Quién era esa mujer firmando sus poemas, y dejando una huella indeleble en el tiempo en aquellas tablillas de arcilla que nunca he tocado y, no obstante, penden en mi imaginación?  ¿qué conjuraban sus letras?  ¿qué amores o qué demonios las provocaban? ¿qué fuerzas las habitaban en ese tiempo y en ese lugar al que debemos el inicio de la escritura?.

A cuarenta y cuatro siglos de Enjeduana, como dice la prologuista del libro Judy Grahn, las tablillas descubiertas con sus poemas y firmados por  “Enjeduana, vera señora de Nana, esposa de Nana, hija de Sargón, rey de todos, en el templo de Inanna…” en esa región de Sumeria y su análisis posterior, nos permiten un encuentro con la princesa, la alta sacerdotisa de Ur, poeta y mística, mujer rebelde que reivindica una necesidad de sentido que, al buscarlo para ella y su tiempo, lo encuentra también para todas y ahora.

No fue difícil “conectarme” con Enjeduana.  Estaba, sin lugar a dudas, ante el tiempo y lo sagrado expresado en la poesía hímnica y litúrgica de una mujer trastornada por la fuerza de la vida y de la muerte.   Una mujer espectadora y enamorada de esa fuerza, embelesada en esa diosa, Inana, a la que en algún momento hace decir:

Mis ojos otean la tierra

Yo conozco su largura

 Viajé en el camino puro del cielo

Conozco su profundidad[1]

Disfruto esta lectura como un bálsamo sobre las heridas de este tiempo mío, tiempo líquido de Bauman, que impone ver la realidad desde la superficialidad del consumo y el dinero y acoger corrientes espirituales que refuerzan ideologías individualistas y arbitrarias que ni remotamente atisban lo transcendente.   Eso transcendente que arrasa y acoge, que es luz y oscuridad, que es horrendo y bello, movimiento y quietud.   La vida.

¿Cómo es posible que una mujer de hace 4300 años entre en mi intimidad despertando los mismos sentimientos de asombro y magnificencia que dieron origen a sus propios poemas?.

Son mágicos estos encuentros entre mujeres.  La intensidad del encuentro de Enjeduana con Inana es el mismo que ahora yo siento con ella.

[1] De Shong Meador (2009). Tres grandes poemas de Enjeduana dedicados a Inana. Pg. 179.

2 pensamientos en “Tres grandes poemas de Enjeduana dedicados a Inana

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