A ojos cerrados

Hay sucesos sencillos, buenos y decidores, que integran lo cotidiano de manera extraordinariamente ordinaria. No sabemos por qué unos si y otros no.  Entran a formar parte del entramado interior que nos sostiene y se mezclan con quiénes somos sin saber exactamente quiénes somos.   Y sabiéndolo.

A veces es una cafetera blanca que exhala el aroma a café de la mañana, otras un colibrí que seguro llegará más tarde porque vimos aparecer su flor de sábila, alguno más es la forma como el periódico se acomodó en el piso, el libro que se abrió en la misma página, el correo que lleva un aullido civilizado de ayuda a otro lado, o la película que por casualidad vimos y celebramos porque hay un no sé que nos hizo sentirla nuestra, muy querida.

De eso último se tratan estas letras.

A ojos cerrados es una película nuestra. Dirigida por el costarricense Hernán Jiménez.

El largometraje fluye en nuestros sentidos de manera auténtica, sobria y tierna. No soy crítica de cine y ni siquiera cinéfila, y éstas palabras sólo tienen que ver con mi mirada desde una butaca en un cine cualquiera de San José.

Esta película nos integra en un momento social de mucha desintegración (¡sólo hay que ver las noticias de un día….!). Hay amplitudes y espacios que se nos ofrecen íntegros. Nos habla en un momento de mucho ruido. Todo transcurre en lo cotidiano de la relación de una pareja de viejos (Gabo y Maga) y su nieta (Delia). Los diálogos sobrios y simples evocan lazos profundos y comprometidos con el amor y la vida, porque es en el amor y la vida que la película nos va metiendo a golpe de silencios en los ojos cerrados de Gabo que no tiene respuestas ante la muerte de su compañera.

No hay estridencias, los paisajes son los nuestros, las situaciones también, los temas de siempre tratados de la única manera que nos hace sentirnos bien, con sencillez y profundidad.

Se salva la relación de pareja, la vejez, la juventud, se salvan las relaciones intergeneracionales (tan golpeadas por el siglo XXI, tan creadoras de incertidumbres, tan conflictivas), se salva el recuerdo, el paisaje, el silencio, las prioridades, el trabajo y la vida, mientras Hollywood sigue apostando a la destrucción, al ruido, a las máscaras, a las superficialidades y al sin sentido.

Me alegro de esta película.

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