Taquile

Taquile es una isla natural del lago Titicaca en la parte de Perú.  Existen otras.  Y también 36 islas artificiales construidas por los indios uros. En el culo del mundo, me pareció a mí. De ahí, a una hora en lancha está Bolivia. Si el Titicaca está a 4000 metros sobre el nivel del mar (el lago navegable más alto del mundo) la isla es una colina construida de terrazas aptas para la agricultura y había que subir, a pie, más de 5 kilómetros hasta llegar a una altitud de casi 4500 metros donde, finalmente, está la población. Eso de la construcción de las terrazas para la agricultura es posiblemente una herencia inca, aunque dicen que hubo culturas preincaicas que ya tenían este sistema.

Yo no podía subir más, esa altitud hacía estallar mi cuerpo y avanzaba a pasito tum tum, con el corazón en la garganta.  Los manojos de muña (una hierba que usan los indígenas para subir a las alturas y ayudarse con la respiración) fueron acompañantes fieles, además de la fascinación de sentirme en una isla del Titicaca y recordar, de cuando fuí niña, el halo de misterio en los cuentos de mi madre sobre ese lago y esas culturas tan lejanas entonces. Manejar la ternura que me provocaba ese recuerdo y los latidos del corazón fueron mi principal reto.

La isla está habitada por 2000 indígenas quéchuas. Geográficamente es un paraíso muy parecido, lo vi yo, al mundo de los hobbits de El señor de los anillos.

Socialmente, por supuesto, es otra cosa. La actividad principal de la isla es la agricultura y la elaboración de bellísimos tejidos de lana de ovejas. Las mujeres hilan y los hombres tejen. ¡No ha cambiado mucho el mundo, como pueden ver….! Ningún hombre se casa hasta que ha aprendido a hacer muy bien un gorro tejido, lo que le lleva desde la infancia hasta aproximadamente los 18 años. Los hombres usan gorros diferentes que representan los distintos roles que asumen en la comunidad, y las mujeres unos rebozos negros con borlas de colores que van simbolizando si son solteras o casadas. Son muy amables e inteligentes.  Hablan el quéchua y el español, éste último casi perfectamente.

En esta isla no existen los animales domésticos, ni perros, ni gatos, ni gallinas, ni burros, ni caballos. Únicamente ovejas. No logré saber por qué.  Seguramente es parte de sus convicciones religiosas, tal vez…. pero me impresionó mucho cómo mujeres y hombres, hasta de edades avanzadas, cargan enormes pesos sobre sus espaldas bajando y subiendo peldaños de piedra que, para mí, eran interminables. ¿Por qué no se ayudarán con burros, con caballos?. Un misterio.

Pero el viaje a Taquile terminó para mí con un cómo están que nos dijo en perfecto español un anciano quéchua que subía con una caja de provisiones en sus espaldas mientras bajábamos hacia donde esperaba nuestra lancha Kontiki que nos llevaría, durante las tres próximas horas, hasta el puerto de Puno.

¿Terminó el viaje, dije?  ¿Qué viaje es ese que puede terminar?   Quedan las personas que vi como espectros habitando mi conciencia, poblando mis preguntas, dilatando mi capacidad de sentir al otro tan distinto y tan cercano.  Más allá de lo injusto de las condiciones en que viven los pueblos aborígenes de casi todo el mundo, queda el misterio de la condición humana apenas nos acercamos a estas personas. ¿Cómo ese paisaje tan espléndido puede soportar los anhelos apretados y aprisionados de las gentes? ¿Lo que aman y prodrían ser?  ¿La calidad de vida que se les niega?.

Mi alma tomó la forma de la espalda curvada del viejo quéchua preguntándonos generosamente cómo están mientras la kontiki navegaba el lago y también después.

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