Aventuras de una azucena

Para Anaí y Leo

Le dió la bienvenida
al abejón de mayo
y vió cómo la araña 
en su gimnasia aeróbica hacía un guiño con sus múltiples ojos para mostrar su forma estilizada.
A la hormiga 
y a la gota de agua
que casi naufragaban
en la lluvia,
las rescató en un pétalo
que fluía 
con sendas clorofílicas
sombrillas.

Al rayito de luz
peleado con el sol
le otorgó asilo verde
de lineales hojitas.  
Sacudió sus raíces
riéndose a carcajadas
con todas las lombrices,
e irguió su tallo herbáceo
para ofrecer fragancia
altura y elegancia. 

Y todos sus afanes 
a la tierra susurra 
mientras el aire mece su blancura 
y glotones coleópteros, 
felices, 
se rascan la barriga
en su corola. 

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