Tres puntos de luz

Siempre han sido luz.  Las amigas, Las platis.

La Vía Láctea y Andrómeda dentro de miles de miles de añosComenzamos el grupo de Las platis en 1992 y, principalmente Deyanira, fue la anfitriona de las reuniones semanales que se extendieron con sistematicidad durante 15 años en su casa de Guadalupe, Moravia, Alajuela, Orotina… Nunca asistí a un grupo tan exitoso y nutricio.  ¡Tan lleno de anécdotas, cantos, libros, lecturas, poesía, paseos, comida!

Recuerdo que me preguntaba el porqué de ello porque sabía, me constaba, que para que un grupo de mujeres sobreviva por años no son suficientes las anécdotas, los cantos, los libros, las lecturas, las poesías, los paseos y las comidas….  A veces lo conversaba con Deyanira, mi gran y especial amiga.   Y creo que el ingrediente que cobraba vida entre nosotras fue un profundo respeto a las ideas y talentos de cada una, un encontrarnos sin rivalizar, un disfrutar estar juntas, un rato, sin más, sin pedir nada;  en las reuniones semanales “cargábamos pilas” para afrontar los atascos y congojas de cada una en lo cotidiano; bueno, eso era para mí.

Hasta que las dificultades, las enfermedades y los cambios de domicilios fueron decantando los encuentros.  Entonces no hubo sorpresa de parte de ninguna de nosotras…. porque tampoco hubo separación real, el grupo funcionó el tiempo necesario para que en cada corazón se hubiese construido un espacio de todas.  ¿Hermanas? ¿Familia?  ¡No importa la palabra!  Y así seguimos envejeciendo y así vamos muriendo.

¿Muriendo digo?   Es raro, hay dolor en mis palabras y también brillo, agradecimiento. Ya son 3 las que han desfilado con sus propias galas, con su luz, al encuentro con esa Otra Luz intangible pero cierta porque sentimos su calor.   La primera fue Maru el 5 de diciembre de 2019, luego Vane poco antes de que comenzara la pandemia del convid 19, el 5 de marzo 2020 y ahora Locha, hace apenas 2 días.

¡Tengo aún tanto cariño de cuando nos veíamos!  Gestos y actitudes tan particulares en cada una, como la alegría de Maru, el misticismo de Vane y la amabilidad sabrosa de Locha.   Pero, en relación a mí, si quiero encontrar una palabra que las cubra a las 3, diría, mis maestras.  No hay dimensión para señalar lo que cada una de ellas aportó a mi vida, a mis hijos, a la construcción de mi casita interior…que sostiene la exterior en este país que me acogió hace 30 años.

Dicen que en un puñado de miles de años se verá otro cielo; un cielo infinitamente luminoso con La Vía Láctea y Andrómeda tocándose.   Me pregunto si mis amigas ya están ahí, aportando su propia luz a ese espectáculo.

La muerte sólo es un aparente apagón de luz porque la luz no se apaga. Es imposible.

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