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Acerca de la cualquiera

Poeta y bibliotecaria y, con frecuencia, viceversa

Esta tierra que piso

Con la lluvia y la tarde
yo te amo, tierrita 
donde encuentro 
el lugar de mis pasos,
donde alcanza mi sombra,
mi origen de semilla,
mi destino de fruta,
mi vanidad de flor. 

Planeta querendón 
de mandarinas y lechugas
que en mi mesa
se vuelven alimento,
gracia y celebración.
Pelotita de mis andanzas
perdida en la iglesia del cosmos
como yo en esta ausencia, 
esta angustia, 
esta espera.


Y agitado palpitas 
empedrado y terroso,
vos en la Vía Láctea,
yo en este templo
agrietado de mi cuerpo 
y mi lágrima.

Recorro tus caminos 
repletos de semillas
y serpenteantes ríos
que provocan cosquillas 
en la planta de los pies.

Y en redondo ajetreo
me haces mujer-árbol de laurel, 
chilamate, jocote, nancite,
guayaba,
con alborotos de ardillas,
mitines de chocoyos,
nidos de macuá
y colmenas de abejas
entre mis ramas.

Colibríes

Los colibríes llegan
por la flor de la sábila
y se llevan, al irse, mis anhelos 
en sus pequeñas alas.


¡Y soy por el batir
de su acróbata vuelo
por algunos instantes 
lo que quiero: 
tarde plena,
cielo abierto,
distancia de colibríes,
ausencia que me deje lejos,
anuncio que me tenga viva,
dolor iluminado,
tránsito limpio,
ruta de infiernitos y cielos
sin letreros que digan
aquí acaba el camino!