Con la lluvia y la tarde yo te amo, tierrita donde encuentro el lugar de mis pasos, donde alcanza mi sombra, mi origen de semilla, mi destino de fruta, mi vanidad de flor. Planeta querendón de mandarinas y lechugas que en mi mesa se vuelven alimento, gracia y celebración.
Pelotita de mis andanzas perdida en la iglesia del cosmos como yo en esta ausencia, esta angustia, esta espera. Y agitado palpitas empedrado y terroso, vos en la Vía Láctea, yo en este templo agrietado de mi cuerpo y mi lágrima. Recorro tus caminos repletos de semillas y serpenteantes ríos que provocan cosquillas en la planta de los pies. Y en redondo ajetreo me haces mujer-árbol de laurel, chilamate, jocote, nancite, guayaba, con alborotos de ardillas, mitines de chocoyos, nidos de macuá y colmenas de abejas entre mis ramas.
¡Y soy por el batir
de su acróbata vuelo
por algunos instantes
lo que quiero:
tarde plena,
cielo abierto,
distancia de colibríes,
ausencia que me deje lejos,
anuncio que me tenga viva,
dolor iluminado,
tránsito limpio,
ruta de infiernitos y cielos
sin letreros que digan
aquí acaba el camino!