A Chinandega, la ciudad iluminada en mi conciencia
Difícil es quererte sin caimitos, naranjas, mandarinas, ni mangos, tu hospital infectado, tu cárcel inclemente y esos algodonales cosechándonos males. ¡Son abismos de horror los surcos que el sudor formó en tu gente! Más también... exactamente ahí queda la amiga, la familia, el novio pueblerino, la escuela, el tontito del barrio, la maestra en tacones, las lluvias torrenciales, y las noches darianas con hermanos y madre despistando a infantiles estómagos con hambre. Y yo siento crecer como madroño fuerte un complejo sentido que soy tuya y sos mía, y te expreso en mi cara y me explico en tus ríos.
Difícil es quererte
sin caimitos, naranjas,
mandarinas, ni mangos,
tu hospital infectado,
tu cárcel inclemente
y esos algodonales
cosechándonos males.
¡Son abismos de horror
los surcos que el sudor
formó en tu gente!
Más también...
exactamente ahí
queda la amiga,
la familia,
el novio pueblerino,
la escuela,
el tontito del barrio,
la maestra en tacones,
las lluvias torrenciales,
y las noches darianas
con hermanos y madre
despistando a infantiles
estómagos con hambre.
Y yo siento crecer
como madroño fuerte
un complejo sentido
que soy tuya
y sos mía,
y te expreso en mi cara
y me explico en tus ríos.
Te pienso en el verano
con el viento y el frío,
pueblecito caliente
de soles,
chismes,
gentes,
como pajas del nido
que acunó mi destino.
Si mi nombre se pierde
por rotondas y calles
y mis manos simulan
ser deseos gigantes,
recuerdo tus pregones
que nacen con el alba
y entre "pan dulce",
"tamales", "cosa de horno",
"pinolillo" y "rosquillas"
se despiertan alegres
mis pupilas de niña.