Hace calor, qué tiempo loco, dijo y guardó su edredón de frío, el grueso decorado con pequeñas flores de jazmín. El fuerte sol de ese día le hizo suponer que calentaría la noche pero el calorcito no alcanzó hasta la hora de ir a dormirse y tuvo que volver a sacar su edredón de frío, el grueso decorado con pequeñas flores de jazmín.
El viento también está loco. Se imaginaba los vientos alisios como una manada de lobos y el que ella sentía enfriar su casa era uno, inmenso, que exhalaba ráfagas húmedas, por eso se refería en singular al viento, este viento que enloqueció en el mar desde antes de llegar. Oía su silbar ir y venir a la zumba marumba estremeciendo al limonero y haciendo cimbrar el techo de su casa.
Sigue leyendo →