Escribí fuera de la compucita por primera vez en mucho tiempo. Palabras a la zumba marumba. ¡Fue ocasión para estrenar una pequeña libreta que hace meses me regalara mi hijo! Comencé sin saber cuándo y por qué debía terminar, lo que hice hasta que la pequeña página de la pequeña libreta estuvo llena o casi. Desde mis dedos hasta el papel, treinta y nueve palabras se hicieron compañía separadas de comas sin permitirme, ninguna, quedarme en asociaciones lógicas o, quizá, queridas. ¡Qué locura! ¡En qué dispersión me encuentro!
La tercera palabra
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