La locura es amarilla y huele a lilas. Desde niña escuchó la palabra loco en boca de su mamá para referirse a aquel hombre que desde una esquina gesticulaba y hablaba solo.
Allá está un loco, le dijo un día mientras caminaban tomadas de la mano. Desde entonces pasó mucha agua bajo el puente.
Loco, loca, locura, se hicieron conceptos cotidianos en su vida. Sus significados se fueron llenando de prejuicios, miedos, colores, rabias, absurdos y, por supuesto, confusión, desazón, angustias; y entonces constituían ese extremo oscuro del que huía siempre que podía. Pero también sedimentaron contenidos lúdicos que a veces implicaban rebeldías, solidaridades, búsquedas, asombros, aromas, desorden sí, pero un desorden bonito porque partía de su particular intento de coherencia.
En el cuento de las mil y una noches de su vida abundaban fantasmas. Fantasmas que le daban convicción, alegrías. Y algunas veces, rabias.