Atasco

Difícilmente podré contar ese atasco.

Yo había visto películas que satirizaban situaciones de embotellamientos de vehículos en los regresos de veraneantes a los centros urbanos de grandes ciudades como México, Madrid, Tokio. De ellos, los atascos, he vivido una versión sinóptica en Costa Rica en la carretera hacia Cartago y en la carretera hacia Heredia (dos horas en la primera y 1 hora en la segunda) y me habían parecido excesivos. Y no porque no ocurran más presas de vehículos en Costa Rica, sino porque a mí, en mis cotidianos trayectos, no me había pasado.

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Washington, luz de diamante

diamante HopeLuz de diamante.   Eso somos.

En mi paso por el edificio del Museo Nacional de Historia Natural en Washington, siento las iridiscencias del diamante azul.  Soy uno de sus infinitos tonos de luz buscando expandirme en ojos para ver y oídos para escuchar los relatos de Zaida y Lupe. Adaptable, cambiante, luminosa.    Apenas tenemos hoy para conocer este sector de museos y áreas verdes.  Tres días anteriores de reuniones de trabajo en el edificio de la PAHO en el centro gubernamental de Washington, me tienen con esta dispersión y necesidad de descanso.

Pregunto.  La voz de Zaida es mágica.  La risa de Lupe contagia.  Timur entiende todo mientras refunfuña porque olió a una bella perrita cosmopolita.

Un tronco de árbol petrificado de hace millones de años y el trozo de un asteroide asientan mi iridiscencia vaga como la poesía y entonces soy historia sempiterna, Tierra, Vía Láctea, árbol, meteorito, todos con miles de labios contándome historias, cuentos, paisajes, epopeyas.  Soy de esta civilización magnífica y errática.

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