
Yo debí ir más lejos, allá por la otra esquina, donde nace el deseo y donde crece el río. Lo siento en las entrañas, estas mismas, las mías, que como telaraña me tienen retenida. Pero no estoy aquí, no lo sabía, la que escribe no soy, esa es aquella, yo soy ésta, la otra, pálida y conmovida, la que apenas emerge de un collage de mujeres ateridas.

El dolor,
ese amigo tan querido
y tan franco,
hoy se encuentra lejano,
hace rato no nos comunicamos.
Puede ser que esté serio
con nosotros,
pero así sucedió:
sin ofensas
y sin dejar de amarlo,
quedó la puerta abierta
y se nos fue marchando.
Sé que nos recordamos;
todo ha sido lo justo,
apenas,
lo adecuado.