
En mi vida no hay chicharras / y unas cuantas / deslucidas y lejanas / se amontonan clandestinas / en el patio de guayabas de la casa de mi infancia. En el día encontraba sus vestidos / que abandonan y que cambian / estructuras delicadas / puras pistas que estuvieron en mi casa / cuando un parto de la tierra / estallaba por las noches / en canto de sus entrañas.
¡Y soy por el batir
de su acróbata vuelo
por algunos instantes
lo que quiero:
tarde plena,
cielo abierto,
distancia de colibríes,
ausencia que me deje lejos,
anuncio que me tenga viva,
dolor iluminado,
tránsito limpio,
ruta de infiernitos y cielos
sin letreros que digan
aquí acaba el camino!