Hoy estuve en el templo
de mi nada.
Caminé de puntillas,
las manos me temblaban,
silente azul el día
que todo iluminaba
y yo, en vano, deseaba
una palabra
Una palabra
Responder
Bellas, lacerantes, vivas,
son todas las preguntas de mi vida.
Ellas afectan mi fisonomía,
y mi rostro parece
un gran porqué inocente
donde confluyen
voces de las gentes
(desempleados, enfermos, campesinos,
indígenas, mujeres y mendigos)
sobre la guerra, la traición, el miedo,
la soledad, el desamor, el hambre,
el frío de los niños en las calles
y mi frío…
de noche…
inexplicable.