Para Angie, con cariño
Felices de vivir pero expulsadas nacimos lastimadas. Dos recuerdos opuestos, dos modos de existir, dos tiempos simultáneos conjugados. Y cada nuevo abrazo nos provee ese recuerdo intacto.
Más también... casi con vida propia se instalan las distancias, crecen los desamparos y, de un momento a otro, a veces sin quererlo, lastimamos para ser nuevamente lastimadas. Son esas las memorias que se activan, las hermanas siamesas que no hemos separado.

Ese puente achacoso se grabó en mi memoria. ¿Por qué se impone escribir como queriendo dejar esa huella? ¿Es acaso que un paisaje, una ruta, un montón de casas y de gentes se volvieron posibles por el puente? ¿O todo lo contrario, extraños, inaccesibles, indescifrables? Escribo sus presencias y, a la vez, la fuerza de sus ausencias. Su lejanía es esa distancia arquetípica de todos los imposibles de mi vida.