Alquimia de la lectura

Me empapo de palabras
necesarias como las sillas
y santas como esas nubes
que transitan por mi vida.
 
Y pronto la lectura
se me torna ventana
por la que el mundo entero
entra por la mañana
a dejar su infortunio
reposar en mi almohada.
 
Ya la ventana es puerta,
puerta en pampas,
iglesita y campana
que vibra con el viento
que distrae al silencio.
¡Y las letras del libro
se me tornan sagradas!

Gorila de montaña

Inhalo, exhalo.
Este tronco sostiene mi vaivén pesado
y el tiempo, quieto,
ni siquiera habla.

No obstante, en su quietud
me hundo,
corro,
me diluyo,
me deshago.

Me busco en el espejo de las noches,
en las lunas que vibran en los charcos,
en los soles que arden en mis párpados.

Y a pesar de esta áspera apariencia
me desvivo anhelando
alguien en quién mirarme.